Caminaba por una oscura calle a media noche. La luna iluminaba precariamente los edificios alrededor. ¿Por qué me gustaba estar sola? No lo sé.
Solo recuerdo que algo me hizo sufrir tanto que no logro recordar. Los doctores lo saben, pero no lo dicen. ¿Qué podría ser peor que andar sin rumbo fijo desconociendo mi pasado? Quizás saber el porqué. Darme cuenta que mi vida pendía de un hilo y por ello ahora no concibo mi pasado dentro de mi cerebro.
Cabos sueltos y una maraña de pensamientos engarzados dentro de mí sin razón alguna. ¿Quién me lo dirá?
Continué mi camino por la larga avenida, tomándome el atrevimiento de ir en medio de la calle. Los autos pasaban por mí lado maldiciendo y sonando el claxon. No me importaba. El mundo entero podría venirse encima y yo seguiría dentro de mis cavilaciones. Lejos, muy lejos... en una ciudad donde nadie existe y no pueden mandarme, donde no puedan herirme.
Al acercarme a un parque me percaté del frio sintiendo como me abrazaba con su gélidas manos con avasalladora precisión menguante y letal. Después de un rato de andar sin rumbo y yendo en círculos por los jardines. Mis manos comenzaron a picarme a causa del inclemente frio. Las metí en los bolsillos, dentro estaba aquello que sin ninguna otra explicación como " es por tu bien" me impusieron a tomar cada mañana y cada noche.
Saqué el pequeño frasco con las píldoras y las agité por inercia, aún tenía bastantes como para no enloquecer, sino es que ya lo estuviese.
Exhalé y el vaho se hizo presente. Estaba congelándome, pero aún así no quería irme. Mi alma poseía una ligera dosis de masoquismo. Reí de mí misma.
La razón por la que salí de la clínica quedó olvidaba. Me distraje con todo en el camino y la misión fue cumplida. Incluso en soledad me sentía acompañada, por extraño que esto suene me gustaba.
Estaba satisfecha. Me puse de pie para marcharme cuando las luces de una patrulla de me iluminaron el rostro y voces intranquilas se elevaban. Una luz blanca y brillante me iluminaba el rostro. Un uniformado se acercó y me tomó del brazo con delicadeza muy contradictorio a lo que podría esperar de un policía. No era una criminal por lo tanto era propio que me tratara con sutileza.
Las enfermeras de la clínica psiquiátrica me abrazaron y me revisaron de pies a cabeza.
---Ni un rasguño.--- exclamaron con alegría.
Me subieron a la “elegante carroza” y el oficial nos llevo a la clínica.
No me enojé. Todo fue muy oportuno me congelaba de frio y quería volver.
Pensé en hacer la misma pregunta de siempre. ¿Qué me pasó aquella noche? Pero quise formularla de manera diferente y utilizar armas a mí favor por lo que dije: ---Sé lo que pasó esa noche.
Me miraron con tal asombro como si hubiesen visto hablar a un gato.
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By:Ana Carolina Barrón.
1 comentarios:
orale
te fumaste un porro o que jaja
saludos caro
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