No es fácil de explicar. En realidad no estoy segura de que pueda hacerlo. Nuestras pieles rozaron produciendo una reacción química, el deseo era irremediable, el desvestirnos se convirtió en algo más que un ritual, él me besaba en todos lados, mamaba de mis senos, acariciaba mi espalda y hundía sus labios en mi cuello, me volvía loca.
Fue una tarde llovía y el cielo estaba adormecido y gris mientras hacíamos el amor, el sonido del agua y el olor a tierra mojada convertían el encuentro en algo único.
Nuestros cuerpos encendidos y unidos en uno solo. ¿Qué más daba que cayera una tormenta? Caminamos de la mano hacia ese elixir preciado que se obtiene tocando el botón adecuado, juntos llegamos al clímax.
Más tarde él comentó que sintió electricidad por todo su cuerpo en especial la espalda, y vaya que eso era delicioso pues su rostro me decía que le dolía y le gustaba a la vez.
Terminamos jadeando, nos abrazamos de costado y él besó mis hombros con ternura; sus movimientos eran suaves comparados a los del caballo desenfrenado de unos minutos atrás.
Un te amo salió de sus labios como el pétalo de una flor que cae lentamente al agua de río. Mi corazón se sintió abrazado con esa sencilla frase.
La lluvia seguía, pronto oscurecería y seguiría lloviendo, yo solo quería abrazarme a él mientras dormía y contemplar uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza.
Se imaginó recibiendo el agua en su cuerpo desnudo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada